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    Sangrienta guerra de bandas narcos conmueve a Méjico DF

    El hallazgo de restos humanos en la zona de Nonoalco, en el céntrico barrio capitalino de Tlatelolco, marcó una especie de "hito" espeluznante en la historia reciente de la ciudad.

    Al menos dos grandes organizaciones del crimen organizado han iniciado una guerra sin cuartel en Ciudad de México, que amenaza con ponerse cada vez más cruenta y salvaje.

    Una de ellas cruzó este domingo otra "línea roja" luego que aparecieron restos humanos junto a un cartel con un mensaje macabro de amenazas en la vía de un autobús confinado, llamado Metrobús. Desde hace meses, los capitalinos comienzan a vivir jornadas de violencia extrema similares a las que estremecen a otras zonas del país, pero que no habían sufrido nunca y se teme que las cosas se pongan peores. El caso del hallazgo de despojos humanos en la zona de Nonoalco, en el céntrico barrio capitalino de Tlatelolco, marcó una especie de "hito" espeluznante en la historia reciente de la ciudad.

    Las autoridades de la capital señalaron que ninguna cámara registró el momento en que fueron depositados, a pesar de que al menos hay siete cámaras en edificios vecinos, algunas de ellas pertenecientes al sistema gubernamental de vigilancia.
    Hasta ahora se contabilizan seis casos de personas desmembradas en el presente año a consecuencia de la pugna a muerte entre las organizaciones conocidas como Fuerza Anti Unión de Tepito y La Unión de Tepito.

    La Procuraduría de Justicia de la Ciudad repitió el gastado estribillo del "reacomodo entre estas organizaciones delictivas" en busca del "control del narcomenudeo" para explicar el problema, aunque no admiten que la inacción del gobierno también influye en la violencia creciente.

    La pugna, según los entendidos, es encabezada por Jorge Flores Concha "El Tortas", líder de Fuerza Anti Unión, y Roberto Moyado Esparza "El Betito", de La Unión.

    Durante los pasados meses, han mandado matar a sus rivales y han estado esparciendo mensajes intimidatorios en distintas zonas de la metrópoli de 9 millones de habitantes, 20 millones contando la periferia.

    La guerra estalló al ser asesinado en febrero pasado Felipe de Jesús Pérez "El Ojos", abatido por la Marina, jefe del Cártel de Tláhuac, sureste de la capital.
    Meses antes, en octubre de 2017, Francisco Javier Hernández, mejor conocido como Pancho Cayagua, fundador de la Unión Tepito, fue acribillado por desconocidos, por órdenes al parecer de "El Betito", quien era su lugarteniente y hoy es el hombre más buscado en la capital.

    Desde entonces "las bandas delictivas iniciaron una disputa, lo que generó un aumento en el número de homicidios de los integrantes de cada organización", afirmó.
    La Unión Tepito domina las actividades criminales en el centro-norte de la ciudad, mientras "El Ojos" controlaba la venta de droga en el sur y parte del oriente, pero ahora esta zona es dominada por un grupo llamado "Los Rodolfos".

    "La historia de siempre: a la caída de un capo le sigue la pugna por el botín", afirmó el escritor y periodista Héctor de Mauleón.

    "Hay una guerra que está a la vista, mientras la capital parece haberse quedado sin gobierno", señaló De Mauleón.

    Sin embargo, el jefe de gobierno de la capital, José Ramón Amieva, advirtió ayer que "la "batalla contra el narcomenudeo la vamos a ganar" eliminando "los puntos de almacenamiento, distribución y venta de drogas".

    Activistas y expertos estiman que las cosas podrían empeorar porque "hay un problema de control en las instituciones de seguridad y justicia" en un contexto de la atomización del poder político", como señaló Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano.

    Gabriel Regino, ex jefe de la policía de la ciudad, cuestionó la "falta de conocimiento" y experiencia de las autoridades locales, que no saben cómo combatir al crimen organizado por lo que urgió a la intervención del gobierno central para evitar que "esto se siga exacerbando".

    "Dejar cuerpos desmembrados, no sólo es una afrenta a las bandas criminales que disputan el territorio, es una afrenta a la sociedad, y un evidente reto a las autoridades que no han sido capaces de contener ni de prever este fenómeno social", señaló. (ANSA).

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