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    El malestar emocional de los más vulnerables

    Si no tienen los recursos, en medio de la pobreza estructural crece el malestar psicosocial y desemboca en una parálisis.

    "Puede parecer un lujo pero es clave la asistencia psicológica en los sectores más vulnerables. Porque si no tienen los recursos, en medio de la pobreza estructural crece el malestar psicosocial y desemboca en una parálisis", asegura Agustín Salvia, director de Investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.

    Hace más de una década, allá por 2004, la Universidad Católica comenzó a medir y poner en cifras la "pobreza invisible". Pero todavía es difícil de ver. "Pese a que la informamos, nos damos cuenta de que no se refleja en los medios de comunicación ni entre los políticos", se lamentó Salvia tras su exposición en el Foro "Pobreza y desigualdad escondida", llevado a cabo junto al Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y que tuvo lugar en la sede de la casa de estudios.

    Los indicadores de esa pobreza subjetiva que habita entre nosotros -la encuesta fue realizada en base a 5.700 personas de 18 años o más edad que viven en grandes zonas urbanas- se dividen en cuatro áreas:

    • Malestar psicológico: mide el déficit de las capacidades emocionales a través de los síntomas de ansiedad y depresión, que dificulta desenvolverse en la vida cotidiana y las relaciones.

    • Afrontamiento negativo: conductas para evadir los problemas sin realizar intentos para resolverlos.

    • Creencia de control externo: la sensación de estar a merced del destino y de las decisiones de otros.

    • Sentirse nada o poco feliz: sentimientos de insatisfacción y tristeza.

    La apuesta es que esos modelos y herramientas para medir las distintas dimensiones de la pobreza alternativa permitan entenderla mejor en su complejidad y abran el juego a nuevos abordajes de los programas y políticas públicas.

    Es un camino de doble vía con el progreso material, porque es obvio que mejorar las condiciones de trabajo, sumar beneficios en la seguridad social o en las prestaciones de salud acrecientan la sensación de bienestar, pero los especialistas llamar a estar atentos también a estas privaciones que afectan el pleno ejercicio de las capacidades de desarrollo humano y de integración social.

    "Colocar cloacas y subir los ingresos es muy bueno, pero no resuelve la desigualdad", afirmó Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la universidad. Ella prefiere preguntarse "¿qué tan estresados están los pobres?" La respuesta es preocupante: "En general las familias vulnerables tienen más niños y pocas personas ocupadas, madres estresadas en hogares donde los chicos son percibidos como objetos a los que no se les habla la mayor parte del día. Luego esos niños irán a escuelas de menor calidad y cuando sean grandes no podrán cumplir horarios o las distintas obligaciones en sus empleos. ¿Por qué? Porque no entrenaron las -habilidades blandas-, muy importantes para el mundo del trabajo".

    "Las consecuencias que genera la pobreza son más de las que podemos medir y luego determinarán el curso de sus vidas", concluye.


    • Tener y no tener

    Así, el malestar psicológico que afecta a un 16,6% de los encuestados asciende a 30,4% si no tienen contención social de un grupo de amigos. No tener familia cercana provoca que el índice salte de 17,6% a 27,8%. La poca satisfacción con la vida entre los que tienen empleo pleno es de solo 9,8%, sube a 22,3% entre quienes poseen trabajo precario y al 35% entre los desocupados.

    Incluso la participación en actividades religiosas logra bajar alrededor de un punto el malestar psicológico, mientras que el sentirse parte de un grupo discriminado lleva el sentimiento de infelicidad desde un 27,7% a 38,4%. Peor: tener enfermedades crónicas hace que insatisfacción se duplique.

    Es una dinámica perversa, en la que la velocidad y consistencia del movimiento al alza del desánimo hace que luego sea complicado de retraer. "Es de esperar que esta escalada de las crisis de los últimos meses haga caer los indicadores por ingresos, suba la pobreza estructural y provoque también un aumento de esta pobreza subjetiva. En esas situaciones, en los hogares con menos recursos se debilitan las redes de contención y se dispara la marginalidad psicosocial", cuenta Salvia.

    En la misma línea, Tuñón describe que cualquier decisión, como el esperado freno en las obras públicas en busca de cumplir con las metas de déficit fiscal, puede resultar perjudicial. "Si se detiene la construcción de cloacas, también causará un deterioro en este aspecto de la pobreza", apunta.

    Por eso el rol de las autoridades, aunque no exclusivo, es vital para revertir de manera sostenible los indicadores. Como recordó Salvia, "la solución en definitiva la tienen las familias, pero el Estado debe brindarles recursos, servicios y condiciones de progreso humano para que puedan hacerlo".

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