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    DRIVER S GENÉRICOS

    Una de las consecuencias de la participación de la UCR en estos tres años de Cambiemos es que ninguno de sus integrantes, con prosapia y pedigree radical, tenga posibilidades de éxito en una hipotética interna con Mauricio Macri.

    Este lunes 04 de marzo la UCR se reunirá en Corrientes para determinar, entre otros temas, la fecha y el lugar de realización de la Convención Nacional del partido.

    Convención que en marzo del 2015 se reunió en Gualeguaychú y definió la asociación con Mauricio Macri y Elisa Carrió para integrar Cambiemos y la postulación de Ernesto Sanz como precandidato a la presidencia, compulsa que en octubre de ese año ganó el hoy presidente de la nación.

    Con tres cuartos del partido jugados podría decirse que la posición de quienes en aquella oportunidad se manifestaron en contra de esa integración (Angel Rozas, Julio Cobos, Edgardo Morales y Ricardo Alfonsín entre otros), era la correcta.

    Hoy la UCR debate la conveniencia de estar muy cerca del Presidente sobre todo después de la confesión de Carlos Javier Mac Allister en La Pampa quien como candidato del PRO y después de perder la interna con el radicalismo, dijo: “los postulantes que estamos más cerca de Macri podemos tener una situación un poquito más complicada en las elecciones”.

    De acuerdo con la mayoría de las mediciones que se conocen, el descontento con la gestión de Macri es generalizado, dato que activó las luces de danger en el radicalismo que a pesar de las opiniones del PRO y la Coalición Cívica comenzó a pedir una interna.

    Una de las consecuencias de la participación de la UCR en estos tres años de Cambiemos es que ninguno de sus integrantes, con prosapia y pedigree radical, tenga posibilidades de éxito en una hipotética interna con Mauricio Macri.

    Es por eso que evalúa la posibilidad de recurrir a quien, paradojalmente, y desde el kirchnerismo, fue el mentor de la resurrección de los seguidores de Alem e Irigoyen.

    Fue por la Resolución 125, creada, impulsada y efectivizada en el 2008 por Martín Losteau, de él hablamos, que el radicalismo y toda la oposición a Cristina Fernández pudo amalgamarse y comenzar, con el apoyo de un “desacatao” que logró ubicarse como vicepresidente, un proceso interno que lo llevó a ser socio de la actual coalición gobernante.

    El longilíneo y enrulado “ministro k” fue para la oposición, para “el campo” y sus principales referentes, incluido Alfredo de Ángelis, el piquetero VIP que pasó, sin escalas, del corte de rutas al senado de la Nación, la personificación de todos los males imaginables.

    Aquel “flaco impresentable” es hoy quien, al igual que en el 2008 pero en una posición diferente, entusiasma al radicalismo para retener a los “desencantados de adentro”, además de lograr una mejor relación de poder en Cambiemos.

    Losteau es del tipo de políticos que al igual que los driver genéricos pueden ser usados para casi todo.

    Otro driver al que acudió el radicalismo fue Roberto Lavagna quien en el 2007 se presentó como candidato a presidente acompañado por Gerardo Morales, por la Alianza Concertación para una Nación Avanzada (UNA) y en sus antecedentes “todo terreno” puede comprobarse que ejerció como funcionario tanto en el tercer mandato de Juan D. Perón como en la gestión de Raúl Alfonsín; fue embajador extraordinario y plenipotenciario con De La Rúa; Ministro de Economía y Producción con Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner y actualmente forma parte del Frente Renovador de Sergio Massa.

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