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    EL SABLE DEL VERDUGO

    Más allá de ese estoico ejercicio queda claro que la subestimación, el desprecio, el desdén con el que se refiere a “esa gente” a “ellos” es su ADN cultural.



    Por más que se trate de mantener la calma, la prudencia, la sensatez y una paz en modo Ghandi, es difícil (muy) no reaccionar ante las constantes demostraciones de desprecio explícito por el otro que, una vez más, estuvo a cargo de la señora Gabriela Michetti.

    Para entender el o los referentes de sus palabras hay que escuchar sus declaraciones varias veces.

    Más allá de ese estoico ejercicio queda claro que la subestimación, el desprecio, el desdén con el que se refiere a “esa gente” a “ellos” es su ADN cultural.

    La vice pide “por favor” a sus correligionarios que para conseguir más votos en octubre es necesario hacer “un trabajo de acompañamiento y de estar cerca” (de “esa gente” de “ellos”) y admite que “si nos damos cuenta que ESO no es lo que tenemos en la cabeza, por la universidad, por los posgrados, por la facultad, por lo que leemos, porque estamos atentos a The Economist o a lo que sea...nos van a volver a votar”.

    Queda por dilucidar que quiere decir cuando dice “tenemos que darnos cuenta de ESO”, si se refiere a la veracidad de las quejas que desde hace mucho tiempo viene manifestando el 48% que los votó en contra en las PASO, o a la desagradable pero necesaria tarea en la que tendrán que “caer”: “acompañar a quienes votaron para darnos un susto y en otros porque había cierta desesperación por no saber realmente como seguir”.

    Es lo mismo que decir: “les tenemos que tener paciencia porque no están instruidos, como nosotros, para entendernos, pobres, no saben lo que hacen”.

    Puede ser cierto que la mayoría del 48% del 11 de agosto no haya ido a la facultad, a la universidad, a los posgrados de Lovaina o a deleitarse con la deconstrucción del liberalismo que propone The Economist, pero también lo es que tiene la necesaria lucidez e inteligencia para no seguir afilando el sable de su verdugo.

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