Se trata de Ricardo Nicolás Prieto, productor hortícola del paraje Puerto Viejo, departamento Lavalle en Corrientes a quien el Juzgado de Instrucción Nº2 de la ciudad de Goya, a cargo del Dr. Carlos Alberto Balestra, lo procesó por haberlo encontrado, prima facie y en esta instancia del proceso, culpable de los delitos de homicidio culposo agravado y lesiones (gravísimas) agravadas, en perjuicio del niño de 4 años Santiago Nicolás Arévalo oriundo de Lavalle quien en abril del año pasado murió en el Hospital Pediátrico “Juan Pablo II”de la capital correntina, por intoxicación causada por las fumigaciones en las tomateras efectuadas por el imputado quien utilizó el insecticida organo-clorado Alfa Endosulfán.
Las investigaciones determinaron que otra niña, de 6 años, Celeste Abigail Estevez, salvó milagrosamente su vida tras haber estado en coma y actualmente continúa con un tratamiento ambulatorio luego de la atención recibida en el Hospital Garrahan de Buenos Aires y el fallecimiento de otro niño José Carlos Rivero, también de 4 años en el transcurso de este año , todo como causa de los agrotóxicos empleados en las tomateras.
La Red Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados en su Informe de este año 2012 , habla de que “impera una agricultura de monocultivos, una agricultura química, un modelo agroindustrial que utiliza un paquete tecnológico que incluye siembra directa, semillas transgénicas y aplicación agrotóxicos. En ese marco, y principalmente como consecuencia de la inviabilidad natural del monocultivo, con el fin de sostener la productividad se aplican cantidades cada vez mayores de agroquímicos en un territorio donde conviven con los cultivos transgénicos más de 12 millones de personas. Hay que reconocer que los “productos” que utilizan son todos venenos: los herbicidas, como glifosato, 2.4D o atrazina, están destinados a matar plantas, y los orientados a matar insectos como endosulfán, clorpirifós, dimetoato, etc. tienen efectos deletéreos sobre la salud humana..”
“Después de 15 años de fumigaciones sistemáticas, los equipos de salud de los pueblos fumigados detectan un cambio en el patrón de enfermedades en sus poblaciones: los problemas respiratorios son mucho más frecuentes y vinculados a las aplicaciones, igual que las dermatitis crónicas; de la misma manera, los pacientes epilépticos convulsionan mucho más frecuentemente en época de fumigación, son más frecuentes la depresión y los trastornos inmunitarios.
Se registran altas tasas de abortos espontáneos (hasta del 19%) y aumentó notablemente las consultas por infertilidad en varones y mujeres. Los rebaños de cabras de los campesinos y originarios registran, en algunas zonas, hasta un 100% de abortos vinculados a la exposición con pesticidas. Se detecta también un aumento de trastornos tiroideos y de diabetes.
Cada vez nacen más niños con malformaciones en estas zonas, especialmente si los primeros meses del embarazo coinciden con la época de fumigaciones. Síndromes de Down, mielomeningoceles, cardiopatías congénitas, etc. se diagnostican con frecuencia en estas áreas…”