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    El goce con el infortunio ajeno

    Hay quienes gozan más con la desgracia ajena que con los propios aciertos. Muchos de quienes el miércoles del partido estaban en la cancha o mirando por televisión estarían deseando que los focos apagados no se encendiesen jamás; que nadie encontrase una solución; que se suspenda el partido, que las millones de personas que esperaban Argentina y Brasil se queden no sólo sin el partido sino también con la verdad revelada de que en el Chaco se hace todo mal; que el gobierno, que Capitanich, que el gobernador “K”, que el gobernador “yuyito”, que el mandatario “autista” no es capaz de hacer algo bien, y que esa falla se constituya en un axioma revelador: que el Chaco es una provincia irreal, desastrosa, “inventada”; que la inoperatividad de un cable rebelde represente la incapacidad de hacer algo bien. El oportunismo mediático de los "gozadores" fue llamativo. Y no perdieron tiempo. Mientras transcurrían los minutos de espera se movilizó el “face”, y con la suspensión…explotó. Todo eso ayudado por la inexistencia de reflejos comunicacionales de los organizadores que contribuyó a la generación de todo tipo de sofismas, rumores, falacias, verdades inventadas, suspicacias y suposiciones que, de haber existido, habría minimizado los efectos de una prédica feroz.

    En la noche de Sarmiento hizo falta la palabra del gobierno.
    En la noche de Sarmiento abundaron la de los de-constructores profesionales.

    Es paradójico que quienes se embanderaron con “la mala imagen que para la provincia representaba semejante papelón” no tuviesen la hidalguía de reconocer, con esa misma lógica, que los anteriores espectáculos en el mismo escenario habrían representado exactamente lo contrario.

    ¿De qué estamos hablando?: ¿De una acérrima defensa de la gestión de gobierno? ¿De hacer creer que en la noche del miércoles todo estuvo bien? ¿Qué no pasó nada? Es una posible interpretación, pero no es así, se trata de desentrañar el oportunismo de quienes, de no haberse apagado algunos focos, hubiesen gritado los goles argentinos, criticado el planteo táctico de Sabella o, inclusive, destacar la convocatoria del espectáculo.

    A pesar de las muchas demostraciones existentes en los últimos tiempos es difícil entender cómo todavía hay políticos que crean que las mejores campañas son aquellas que se hace con los errores ajenos, con las deficiencias que se muestran en la gestión gobernante, con la lupa puesta en los aspectos más negativos de quienes gobiernan.

    Si bien la tentación de “aprovecharse” de situaciones como la vivida en Sarmiento es muy grande, los aprovechadores de infortunios ajenos deberían saber que la mayor parte de los votos que podrían obtener vendrá de aquellos sectores a quienes les ofrezcan una propuesta diferente constituyéndose en una alternativa superadora.

    A todo oficialismo le es necesaria una oposición fuerte, capaz, innovadora, creativa. Toda oposición debería convencerse que su diáspora es funcional a los intereses del oficialismo y saber también que de esa manera no le es útil a una sociedad que, casi por defecto, rehúye a todo tipo de hegemonías.

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