Denunció violación de la Constitución
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se presentó hoy ante el Senado para dar la batalla en su último intento por no ser destituida de su cargo. La líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), suspendida del cargo desde hace más de tres meses, compareció ante la Cámara alta durante alrededor de 12 horas de una agotadora jornada que abrió con un combativo discurso, quizá el último que pronuncia como jefa de Estado.
"No esperen de mí el generoso silencioso de los cobardes", dijo Rousseff ante los legisladores que deben decidir en las próximas horas, posiblemente el martes o miércoles, sobre su destitución tras cinco años y medio de Gobierno. "Estamos asistiendo a un golpe", subrayó varias veces.
La mandataria, que enfrenta un controvertido juicio político por acusaciones de haber permitido manipulaciones fiscales inconstitucionales durante su Gobierno, reiteró que no renunciará voluntariamente al cargo y recordó los momentos más difíciles de su biografía para asegurar que continuará "luchando".
Su discurso ante el Senado tenía un toque personal, alejado en muchos pasajes de tecnicismos, como querían sus simpatizantes. En Brasilia se da prácticamente por sentado que los opositores de la mandataria conseguirán la mayoría de dos tercios necesaria para destituirla.
Varios aliados de la presidenta, entre ellos su mentor político, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, abogaban por eso por un discurso con un énfasis mucho más emocional para "documentar" el lugar que le corresponderá a Rousseff y al juicio político en su contra en la historia de Brasil.
La presidenta cumplió con esa expectativa. Rousseff recordó la tortura que sufrió como joven militante clandestina de izquierdas, acusó a sus rivales de forjar una "alianza golpista" y apeló a su condición de ser la primera presidenta mujer de Brasil para criticar a intereses "ultraconservadores" empeñados en sacarla del poder.
"Hicieron todo para destabilizarme a mí y a mi Gobierno", enfatizó.
También resaltó su imagen de política honesta, frente a las sospechas de corrupción que salpican a su principales rivales políticos, entre ellos el ex presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, uno de los más mentados hoy por Rousseff y sus aliados como artífice del proceso de destitución.
Cunha renunció hace algunas semanas a la presidencia de la Cámara baja por las acusaciones de corrupción en su contra.
El juicio contra la presidenta está enmarcado en varios escándalos de corrupción que salpican prácticamente a toda la clase política brasileña y en una dura crisis económica en la primera economía de América Latina.
En su discurso Rousseff no mencionó directamente a su vicepresidente y ex aliado político, el actual jefe de Estado interino Michel Temer, pero fustigó al Ejecutivo del líder conservador por lo que considera un "golpe de Estado".
"Un golpe que, si es consumado, resultará en la elección indirecta de un Gobierno usurpador", reclamó la presidenta.
En caso de que Rousseff sea destituida, Temer asumirá definitivamente la presidencia hasta las elecciones de 2018. El centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer encauzó en marzo el proceso de "impeachment" tras volverle la espalda a Rousseff, tras más de cinco años de alianza política.