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    Historia y política

    "El mayor daño cometido al peronismo y al tejido social y político de los argentinos fue ocasionado por las organizaciones guerrilleras que de liberales no tenían nada y de izquierda mucho".


    Julio Bárbaro está empeñado en una batalla político-cultural al interior del peronismo en la que tiene abiertos tres frentes: contra Carlos Menem y el liberalismo; contra el kirchnerismo y el stalinismo, como él define a este sector y contra el liberalismo antiperonista por su permanente descalificación del populismo. En este caso particular me referiré a una nota escrita por Bárbaro en Infobae el 12 de febrero de 2017.

    El autor asegura que el peronismo no volverá a estar unido y que no tienen posibilidades de convivir en él las distintas expresiones que se arrogan esa membrecía. Responsabiliza en primer lugar a Menem de la implosión justicialista por haberlo degradado para siempre: "Menem destruyó lo que el peronismo construyó y defendió"; aligera de la misma responsabilidad al kirchnerismo al afirmar que fueron "menos vende patria".

    Antes de abordar la ausencia de pensamiento histórico en Julio Bárbaro sólo diré, en lo que a política concierne, que es lógico que así piense quien contribuyó desde las ideas al avance del progresismo al interior del peronismo al crear el grupo Calafate, intelectuales influenciados por el marxismo y la socialdemocracia.

    Pero el asunto más grave, que revela la incomprensión del peronismo y el desconocimiento de la historia argentina es cuando afirma: "El enemigo del peronismo siempre fue el liberalismo; el marxismo no tuvo peso en nuestra sociedad como para ser importante".

    Verdaderamente desconozco en qué estaba pensando cuando escribió semejante barbaridad. El mayor daño cometido al peronismo y al tejido social y político de los argentinos fue ocasionado por las organizaciones guerrilleras que de liberales no tenían nada y de izquierda mucho, además de los intelectuales marxistas camuflados de peronistas.


    Los primeros pasos de Juan Perón

    Perón ingresa a la política con el golpe de Estado de 1930. Lo hizo acompañando al sector liberal del Ejército conducido por el general Agustín P. Justo. Su relación con el teniente coronel Bartolomé Descalzo, hombre de Justo y padrino de bodas de Perón en su casamiento con Aurelia Tizón lo acercaron a este sector.

    El militar destacado por Justo para representarlo en la conjura fue el coronel José María Sarobe, de quien Perón decía que era su maestro. Muchos años después Sarobe escribió un valiosísimo libro sobre aquellas jornadas solicitándole a Perón un informe sobre su actuación que adicionó a su libro y que, por otro lado, Perón hizo publicar, años después, como un capítulo de su libro Tres revoluciones militares.

    Sarobe manifiesta en su trabajo una enorme preocupación de que la revolución del 6 de setiembre quedara en manos del otro sector que conspiraba, los nacionalistas liderados por Uriburu: "La revolución tuvo una ideología definida. Uriburu iba a un cambio del sistema democrático. Quería suprimir el profesionalismo político y cambiar el régimen parlamentario. Conocía a fondo la última literatura publicada en Europa procurando asentar su sistema sobre bases más estables que el simple voto de las muchedumbres usufructuadas por los políticos de profesión".

    Pero Sarobe, Descalzo y Perón estaban allí para torcer el carácter fascista de la revolución y lo lograron a medias. Quedó descartada la proclama redactada por Leopoldo Lugones, publicándose la escrita por Sarobe que Perón ordenó imprimir en la Escuela Superior de Guerra para ser repartida al grueso de los oficiales. Al respecto decía el futuro general del pueblo: "De manera que la única salvación era el pueblo y muy especialmente los estudiantes. Quedó todo arreglado, al día siguiente buscamos adherentes y se llegó según creo al número de trescientos. Ello prueba que los oficiales estaban francamente decididos por las lógicas ideas que surgían al margen de los que querían una dictadura divorciada con el pueblo de la nación, que haría odioso al ejército y encontraría una gran resistencia en la población".

    En síntesis, Perón se sumó a un golpe en el cual estaban todos, absolutamente todos, desde ministros del gabinete de Yrigoyen, pasando por los radicales antipersonalistas, los conservadores, la democracia progresista, el socialismo, el Partido Comunista, sectores obreros, las cámaras empresarias y tutti quanti. El asunto consistía en qué dirección darle a un golpe cantado y esperado por todos. El encargado de entrevistarse con las autoridades de los partidos políticos fue el capitán Perón.

    Liberales y fascistas en todo el mundo creían más en los golpes de mano que en las instituciones. Pero es un tema para desarrollar en otro artículo.

    Lo cierto fue que el golpe triunfó, los nacionalistas de Uriburu se alzaron con el poder y los liberales fueron trasladados: el general Sarobe a Japón, el teniente coronel Descalzo a Formosa y Perón a Jujuy. Fracasado Uriburu, se convocó a elecciones que ganó el general Justo. Hay una carta en el Archivo Sarobe que todo estudioso el peronismo debería conocer: "Hasta ahora el general Justo es el candidato más seguro, la opinión sana del país, el elemento independiente, la banca, comercio, industria, han movilizado sus fuerzas para ponerlas al servicio del país prestigiando al general para Presidente.

    Por otro lado, los peludistas que aún no saben cómo arreglarse, su fórmula fue vetada por el gobierno provisional. No creo que resulten peligrosos si se presentan a elecciones y aún cuando todavía hay muchos peludistas en el país no creo que tengan chance en su campaña electoral, porque en su situación no tienen nada para dar… no creo que queden incautos que se dejen influenciar por el canto de la ronca sirena personalista con lo sucedido el 6.

    El otro adversario está representado por la Alianza, unión un tanto aleatoria de los socialistas rojos con los demócratas progresistas, dos mayorías comunales como las llaman aquí algunos diarios. Lisandro de la Torre, que ha abandonado su latifundio de Córdoba para cobijarse bajo la bandera roja de los Dickman; Repetto, no ha hecho otra cosa que agregar un desprestigio más a su ya tan zarandeada personalidad política. Hace 5 meses De la Torre lo declaraba al general Uriburu salvador de la patria en una fiesta de Rosario donde asistía el Presidente, y hoy hecha sapos y culebras contra el Gobierno provisional al que califica poco menos que de usurpador, claro está, haciendo causa común con los anarquistas de la Casa del Pueblo y haciendo una tirada interesada a los peludistas que aun pueden votarlo. Es sin duda la desvergüenza en persona. Bien este es el adversario político del general Justo, su más grande detractor y más peligroso enemigo. Hace una campaña activa y difamatoria en todas partes, pero no creo que el pueblo se deje embaucar y seducir por estos mentirosos y aduladores profesionales.

    Yo creo que el país está hoy a peligros tanto o más serios que el resuelto el 6 de setiembre, si el buen tino y patriotismo de los ciudadanos no resuelve en los comicios la salvación del país, la paz y el orden interno. Si llegara a ganar la elección la fórmula De la Torre-Repetto apoyados por los peludistas, creo que vendrían acontecimientos graves a corto plazo. En general la gente que piensa, entiende que la única solución es el general Justo y creo que será presidente. Muchos oficiales que no entendemos nada de política estamos en plena tarea de movilización de familiares y amigos. Pensamos que hoy no es una falta intervenir a favor del candidato de nuestra predilección y lo hacemos con la conveniente y necesaria discreción. Yo tengo, por ejemplo, a todos los varones de la familia y amigos civiles ocupados en la propaganda política activa y siento que las mujeres no voten porque en este caso, de la familia nomás me llevaba más de 20 votantes: en general los oficiales y sobre todo los mejores oficiales hacen lo mismo.

    Varios amigos curas que tengo, a quienes he encargado que hagan propaganda me han dado un alegrón porque me hicieron una reflexión muy acertada al respecto, me dijeron: -los curas votan y propician al candidato más probable que permita asegurarles su estabilidad-. Hasta ahora han sido peludistas pero ahora los peludistas no tienen chance y los curitas ven que en la primera está el divorcio, la separación de la Iglesia. Esto lo he comprobado porque según me informan mis órganos informativo en ese sentido (señora, cuñadas, etc. que van a misa) en algunos sermones ya los sacerdotes han aconsejado a los fieles que no voten por los partidos enemigos de la religión. Esto va bien".

    Perón en estado químicamente puro. Como ve, señor Bárbaro, al capitán no le molestaban los liberales. Estaba con ellos. Pero sí le preocupaban los rojos, como dice la carta. De modo que si de peronismo hablamos, siempre es conveniente escuchar a Perón.

    Si, por otro lado, fuera capaz de recorrer el tomo seis de las obras completas de Perón, podría encontrarse con las siguientes ideas vertidas en sus discursos mucho antes de los aportes ideológicos que se han arrogado distintos autores.

    En el discurso del 2 de diciembre de 1943, al asumir la Jefatura de la Secretaría de Previsión, hacía mención a que los patrones, los obreros y el Estado constituyen las partes de todo problema social. Ellos y no otros han de ser quienes lo resuelvan, evitando la inútil y suicida destrucción de valores y energías. Adelantando el concepto de comunidad organizada. Nada novedoso si uno conoce que la Secretaría de Trabajo fue creada a partir de la Dirección de Trabajo fundada en 1907 por Figueroa Alcorta, un liberal, ante el fracaso de Ley de Trabajo elevada al Congreso por el ministro Joaquín V. González y el presidente Julio A. Roca, dos liberales más, ley que en su Título XIV creaba la Junta Nacional de Trabajo con la facultad de intervenir en los conflictos laborales. De modo que lo dicho no sólo apunta a descalificar las opiniones de don Julio respecto de la maldad intrínseca del liberalismo sino también de los "liberales" extremistas que piensan que la intervención del Estado no forma parte de las ideas liberales.

    El 1º de mayo de 1944, Perón decía: "Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado". La lucha de clases, señor Bárbaro, es la manera que los marxistas entienden la evolución de la historia y es justamente eso lo que Perón buscaba suprimir. Redondeando: amigo de los militares liberales, enemigo del marxismo.

    Cambiando de plano, cuando don Julio debate con los liberales extremistas que descalifican a los gobiernos y los políticos con inclinaciones populares llamándolos populistas —una manera rupestre de negar la existencia de la entidad pueblo—, sus argumentos son pobres. El liberalismo fue traído a la política por el constitucionalismo norteamericano y la Revolución francesa. Son los inventores de esa entidad ontológica.

    Al sancionar la Constitución Americana de 1787 se creó la Cámara de Diputados que expresaba el principio de la nacionalidad, el principio de que el pueblo constituye una nación y una entidad general. Montesquieu en su libro El espíritu de las leyes habla del "espíritu general de una nación" y ese espíritu es la resultante de un lenguaje común, las tradiciones, las costumbres, las condiciones geográficas, entre otras y Jean-Jacques Rousseau hablaba de la voluntad general.

    La Revolución francesa incorpora el concepto de fraternidad. Y todos los escritores liberales del siglo XIX argentino nos hablan de pueblo. De modo que los liberales actuales que descalifican la voluntad general son cualquier cosa menos liberales.

    Y no hago mención, señor Bárbaro, del Segundo Plan Quinquenal, de Alfredo Gómez Morales y las inversiones extranjeras. El artículo se haría muy extenso.

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