"En una rápida recorrida por algunos locales comerciales se puede comprobar que la ley de la oferta y la demanda sucumbe ante la tentación de poder fijar los precios que a cada uno se le ocurra".
Ha pasado casi una semana desde que la mayoría unida de los votos a favor del presidente determinó la ratificación y profundización de la política económica del gobierno nacional.
Sin entrar en disquisiciones técnicas a las que los profesionales de la ciencia económica son tan adictos podría decirse que desde el gobierno central se fijan las pautas de la macroeconomía mientras que la microeconomía quedó en manos de la mayoría de los comerciantes de los distintos rubros.
Y es así como el almacenero, el quiosquero, el verdulero, el carnicero, el peluquero y cualquier otro rubro de barrio aprendió rápidamente que la Smithsoniana mano invisible está al alcance de las manos, las ambiciones, la desverguenza, el aprovechamiento y el abuso que cada uno de ellos pueda tener.
En una rápida recorrida por algunos de esos humildes locales se puede comprobar que la ley de la oferta y la demanda sucumbe ante la tentación de poder fijar los precios que a cada uno se le ocurra.
El precio de la carne vacuna aumentó en la última semana un promedio de entre el 10 y 12 %, las verduras casi igual y ni hablar de los remedios que en los “drugstore” es cada vez más difícil conseguir, no solamente por los precios que escalaron entre el 15 y 18%, sino porque para acceder al lugar de expendio se debe transitar hasta el fondo de los locales después de caminar entre las tentadoras góndolas que exhiben una mezcla confusa de productos de distinto origen o naturaleza y generalmente contrarias entre sí.
Es de suponer que la actual administración tiende a buscar el tan preciado equilibrio en los precios que sería algo así como alcanzar un estado de "balance" entre la oferta y la demanda y en el que, por las propias fuerzas del mercado, un aumento en la oferta altere el equilibrio, conduciendo a una disminución de los precios.
Pero hay quienes alertan que, por ejemplo, el mercado de alimentos puede estar en equilibrio y al mismo tiempo la gente padecer una situación de hambre, dado que esas personas no tienen la capacidad de hacer frente al elevado precio de equilibrio que se alcanzó.
Pero dijimos que evitaríamos disquisiciones académicas así que dejemos tranquilo a Samuelson.
Es posible que el comerciante tipo al que antes hacíamos referencia no sepa quien fue Smith, Stiglitz, Keynes y otros, es más, es probable que no le interese conocerlos, porque considera que su “Estado de bienestar” es el que pueda lograr en los metros cuadrados en los que quepa su familia y allegados más cercanos.
Lo demás no le interesa, no le importa, no es su problema.
Tal vez desde ese razonamiento es que pueda entenderse el hoy casi desaparecido reclamo de “choriplaneros go home” tal vez porque los protestones se dieron cuenta que la mayoría de los “haraganes” no tienen casa o porque, paradójicamente, en los dos últimos años han aumentado considerablemente.
Lo cierto es que la microeconomía quedó en manos de los microabusadores.
De todo lo macro hablaremos en otro momento.