• Resistencia,

  • OPINIÓN

    Transformación del discurso

    Quedó la sensación que el objetivo específico del discurso de Macri estuvo centrado más en retener y realinear a los conversos que en hacer sonar las campanas para lograr el acercamiento de posibles nuevos fieles.

    Cuando arreciaron las críticas sobre el tema de correos y la medida adoptada por el ministro de Comunicaciones Oscar Aguad que perjudicaba al Estado nacional, como también la referida a la modificación de la fórmula de cálculo del aumento a los jubilados, el presidente Mauricio Macri ofreció una conferencia de prensa en la que abordó esos temas.

    En esa oportunidad, la forma y el contenido del discurso presidencial denotó una cuidadosa puesta en escena tanto en lo linguístico como en la comunicación gestual, que lo mostró en la antípoda discursiva de Cristina Fernández.

    Es así que el Presidente se mostró mesurado, calmo, abierto a las críticas, condescendiente con las preguntas más incómodas, reflexivo, sin levantar admonitoriamente ningún dedo, sonriente y dispuesto a pedir perdón por los errores que pudieron haberse cometido, enmendarlos y comenzar de nuevo.

    Todo lo contrario a los aspectos que fueran tan criticados y valorados negativamente en su antecesora.

    Desde el inicio de su gestión Macri prefirió mostrarse con actitudes que pusieran de relieve su dimensión más humana y solidaria y es así que, ante la posibilidad de un diciembre convulsionado, no dudó en acordar con los movimientos piqueteros una Ley de Emergencia Social que a través de un Consejo de la Economía Popular administrará $30.000 millones para hacer frente a la problemática del sector.

    De la misma manera, y aunque la competencia sea de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sus habitantes vivieron azorados la proliferación de cortes y piquetes que en forma permanente se mostraban en los sitios más neurálgicos, sin que se aplicasen medidas para dispersarlos.

    Es posible que todo esto impactara en los sectores más afines al macrismo, como una muestra de debilidad, consentimiento y aceptación por parte del gobierno en general y de Macri en particular, ante quienes fueron considerados como lacras sociales y había que darles su merecido.

    Para ese núcleo duro de macrismo acérrimo y antikirchnerismo visceral pareciera que tiene plena vigencia la máxima de "al enemigo ni justicia".

    Es posible que esa postura de búsqueda de diálogo y consenso cayera muy mal en la mayoría de los votantes del PRO que esperaban un cambio contundente y un trato ejemplarizador con los "choriplaneros" y "vagos consuetudinarios", de la misma manera que algunos economistas regañan por el gradualismo adoptado por el gobierno y por no haber tomado "las medidas de fondo que se requieren ante tamaño desastre heredado" .

    De allí podría entenderse el radical cambio que en sólo dos semanas tuvo el estilo, la forma y el contenido del discurso presidencial y que se puso de manifiesto en la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional.

    Los redactores de las líneas presidenciales trabajaron tanto en el significado como en el sentido discursivo.

    En las formas, Macri no solamente se mostró enérgico, mordaz, severo, sino que en el contenido introdujo aspectos políticos para demostrar claramente las diferencias que lo separan de la gestión anterior.

    Comunicó con las palabras y los gestos. Cambió de actitud. Pasó a la ofensiva. Comenzó la campaña.

    Más allá de las apreciaciones sectoriales está claro que, desde el inicio de la actual gestión, la posición y el convencimiento de los núcleos duros de la política nacional no sólo persisten sino que se amalgamaron mucho más.

    Resta por verificar en qué medida y de qué manera reaccionarán los ciudadanos menos dogmáticos, para quienes las mutuas, permanentes y harto cansadoras acusaciones, diatribas, chicanas y descalificaciones no forman parte de su día a día, de sus tribulaciones, desesperanzas y realidades.

    Quedó la sensación que el objetivo específico estuvo centrado más en retener y realinear a los conversos que en hacer sonar las campanas para lograr el acercamiento de posibles nuevos fieles.

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