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    Volvamos a Colonia

    La única revolución de la que los argentinos no pudieron escuchar nada en la radio fue la de 1930 que derrocó a Yrigoyen y eso fue por una sencilla razón: radio Colonia fue inaugurada tres años después.

    Desde ese momento cuando todas las generaciones de argentinos querían saber “la justa” de lo que pasaba en nuestro país sintonizaban la emisora que transmitía, y aun lo hace, desde la Colonia del Sacramento en Uruguay.

    Es muy difícil, por no decir imposible, que en esta Argentina siglo XXI los ciudadanos podamos obtener información pura, hechos, datos, que no estén contaminados por las valoraciones pre y pos emisión de la noticia.

    Y gracias a esos mismos medios de comunicación, sus televidentes, escuchas o lectores se aglutinaron de tal manera que los mensajes a favor o en contra de una posición determinada sólo encuentran destinatarios entre quienes las comparten y entonces se recrean, distraen, entretienen, regodean, desahogan, divierten, alegran, disfrutan y divulgan.

    Un poco menos de la mitad lo hizo con la aparición de los “aportantes truchos” al igual que “los de enfrente” con el diario íntimo de un chofer.

    A propósito, es por lo menos llamativo que en la última semana la portada de los periódicos, on line y de papel de mayor circulación, nos hicieran acordar de aquellas antiguas librerías que ponían un pizarrón en las veredas anunciando la llegada de cuadernos con tapa nueva.

    Pero volvamos a la información: a diferencia de otras épocas en las que los medios, censura mediante, no podían tratar determinados temas, hoy lo hacen de acuerdo con la ideología o los intereses de cada uno de ellos y es así que se oculta o tergiversa hasta donde se pueda, o se utiliza la palabra como un disfraz. Ejemplo de ello es que el atentado con drones contra el presidente Nicolás Maduro fue perpetrado por algunos “militares críticos” al régimen y no por integrantes golpistas de las fuerzas armadas venezolanas que no dudaron en atacar en medio de una manifestación.

    Es iluso tratar de encontrar algún atisbo de equilibrio en la mayoría de los medios que, supuestamente, deberían reflejar casi asépticamente los hechos para que la ciudadanía saque “sus propias conclusiones”.

    Giles Deleuze sostenía que “la información social es un sistema de control, en tanto que es la propagación de consignas que deberíamos de creer o hacer que creemos. En tal sentido la información es un conjunto organizado de datos capaz de cambiar el estado de conocimiento en el sentido de las consignas transmitidas”.

    Es por eso que, si tomamos a radio Colonia casi como una figura, muchos habitantes de nuestro país, tal vez muchísimos más de lo que cada uno imagine, que deseen saber, conocer y tener informaciones y opiniones que estén libres de los ocultamientos, verdades a medias, tergiversaciones o directamente mentiras de los hechos y sucesos que ocurren en nuestro país, se vuelquen cada vez más a medios de otros países que, en el mejor de los casos, sin la pasión, ni los intereses de cabotaje, le brinden algo parecido a la verdad y que coincida con aquello que verifica diariamente, en forma directa y sin intermediarios.

    Sin indexaciones del malestar que viven, ni de la bienaventuranza que vivirán sus nietos.

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