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    "El objetivo central de Peppo, palanqueada por la orden nacional a los diputados radicales, es no permitir que Cammesa pueda cumplir la amenaza".

    El radicalismo del Chaco debate acerca de la conveniencia de tener apoyo del gobierno nacional en la campaña proselitista de este año porque esa ayuda podría convertirse en pérdida de votos.

    Los diputados provinciales que responden a Rozas llevan adelante una batería argumental-electoral que se centra en dos aspectos: el descalabro económico-financiero de la empresa de energía eléctrica provincial, Secheep, la corrupción en el gobierno de Domingo Peppo, léase exfuncionarios encarcelados y leche robada, matizada con el reclamo salarial de todos los sectores.

    La deuda de Secheep y la amenaza de merma del suministro al Chaco realizada por su acreedora la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico, Cammesa, llevó a los diputados a reunirse con Marcos Peña y Rogelio Frigerio quienes, implícita o explícitamente, les notificaron: “firmen el pedido de toma de crédito pedida por el gobernador. Después de eso hagan lo que quieran”, y es así que surgieron los proyectos para la creación de una Comisión Especial de Seguimiento de la empresa, para la realización de una auditoría externa que analice la situación financiera, operativa y de gestión desde el 2013 y la suspensión de abril a diciembre de 2019 del cobro del ítem “Cargo Fijo”.

    El objetivo central de Peppo, palanqueada por la orden nacional a los diputados radicales, es no permitir que Cammesa pueda cumplir la amenaza.

    Lo demás es discutible, de campaña, para la tribuna.

    Por supuesto que el radicalismo argumentará que permitió conseguir los 2/3 en la Cámara para “mantener la gobernabilidad y no aumentar el sufrimiento de la población” pero también lo es que Peña y Frigerio inclinaron el fiel de la balanza en beneficio del gobierno provincial.

    Esa decisión impacta en la línea de flotación de uno de los principales argumentos de campaña que obviamente continuará con igual o más fuerza pero sin la comprobación fáctica que hubiese significado un tijeretazo energético de la distribuidora mayorista.

    Todavía lejos de los micrófonos pero cada vez más cerca de la extrema irritabilidad, algunos radicales que hasta hoy apoyan irreflenablemente al PRO comienzan a cuestionar no sólo las políticas económicas y sus tremendas consecuencias, sino la conveniencia de continuar con una docilidad rayana en la sumisión que los llevó a soportar groseras formas de maltrato.

    Con el triunfo del 2015 la UCR aportó a la coalición electoral su estructura y territorialidad y como contraprestación se les concedió cargos en organismos nacionales en los que los titulares son tratados por sus jefes amarillos como tenedores de libros de sucursales que no dan ganancia, desfinanciándolos y quitándoles todo poder de decisión.

    A pesar de todo eso el radicalismo mostró sus mejores armas en defender una cada vez más insostenible gestión nacional y quedó expuesto como la cara visible de la escalada inflacionaria, el desmadre cambiario, el aumento de la pobreza y de las nulas expectativas de una mejoría siquiera mediata.

    De ahí los cuestionamientos a continuar soportando una situación en la que comprueban el nulo apoyo de sus socios electorales y, lo que es peor, el beneficio que brindan a su adversario provincial.

    La UCR, el radicalismo, sus afiliados, la política, necesita de un regreso a la historia: a las boinas del Parque, a la denuncia y reacción de Alem a la traición mitrista, al silencio estruendoso de don Hipólito, al “populismo” y a la premonición de don Raúl: “en todo caso, la UCR debe prepararse para perder elecciones, pero nunca para hacerse conservadora"

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